Dos cosas que me dan felicidad


21/10/2020- Leído 2459 veces


No juzgues el día por lo que has cosechado sino por las semillas  que  has plantado.



“Corro porque al terminar de correr me siento mejor de cómo estaba cuando empecé”. Pedro Luis Álvarez G.*

Esa sencilla frase es para mí la mejor respuesta a la pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué madrugas, te sometes a dolores, a esfuerzos, a exigencias físicas?; ¿por qué el “sacrificio” de limitarte en las comidas, en las bebidas y en los trasnochos alegres? ¿Por qué? Y es que ciertamente el bienestar adictivo que aporta el correr no es gratis, tiene un costo y conlleva a un aporte importante que puede inclusive llevarte a cambiar de vida definitivamente una vez que te conviertes en un corredor. Ese fue mi caso, y lo sigue siendo, porque continuo, a gusto, pagando el precio para poder correr - y si son maratones, mejor.

Algo parecido a la euforia que da correr también la siento cuando he tenido la oportunidad de ayudar a otros, cuando he aportado a causas que creo valen la pena, cuando he apoyado a los que a su vez ayudan a otros. Eso también me da satisfacción, me da alegría, me hace sentir útil y me conecta a una poderosa energía que básicamente se traduce en una cadena de buenas acciones que van y vuelven. Siempre vuelven, poco influye si se hizo con algún interés o no, no importa. 

Las buenas acciones se multiplican irremediablemente y regresan. Siempre. Y esta satisfacción tampoco es gratis, sea que colaboras con bienes materiales o donando tu tiempo y tu esfuerzo, es una alegría que también se paga.
Fundación Impronta, una institución que conozco y de la que puedo dar fe de su encomiable labor, ha propuesto correr un maratón con el fin de recolectar fondos para reparar una cancha deportiva y dotar a los niños y jóvenes de la necesitada población de Caucagüita en el estado Miranda de Venezuela, de los insumos necesarios para hacer deporte. 

Correr un maratón y a la vez ayudar a que esos muchachos cuenten con la posibilidad de usar el deporte como una herramienta de salud mental y física. Correr y ayudar, pues, dos cosas que me dan felicidad, una satisfacción que me gustaría transmitir a los demás para que sientan lo que yo siento.

En una época de mi vida encontré un nicho que me daba mucha ilusión: convencer a personas que jamás habían corrido un maratón para que lo hicieran. Cada vez que alguien lo intentaba yo revivía mis emociones, mis dudas, mis miedos, mis alegrías, mis triunfos, mis dolores, mis lesiones, mis frustraciones y mi empeño, mi insistencia, mi no darme por vencido, mi euforia al lograrlo. 

Una vez al terminar un maratón de Nueva York una de esas personas convidadas a hacer su primer maratón me agradeció y me dijo algo que, aun cuando todavía lo creo exagerado sé que lo dijo de corazón: “estoy más contenta que el día que tuve mi primer hijo”. 

Y es que el maratón es una proyección corta de la vida, cuando lo asumes te propones, con esfuerzo y “sacrificio” - siempre entre comillas - unos meses para prepararte. Le dedicas tiempo tuyo, de los tuyos, de tu trabajo, de tus obligaciones; cambias tus rutinas y reduces tu vida social, pagas el precio, pues. Vives un embarazo demandante y retador y un día llega el día del parto, que es también el de la fiesta, el de la celebración. 

Durante el trayecto, como en la vida, quizás como en el parto, tendrás tus altos y tus bajos, tendrás tus momentos de fuerza y también los de debilidad, tendrás dudas y certezas, sufrirás, te dolerá y también el dolor te impulsará, vivirás miedos y angustias pero también sentirás serenidad y paz. 
“El que sale llega”, era el grito de guerra que usábamos en aquellos tiempos, y salíamos - y llegábamos - y al cruzar la meta todo pasaba a segundo plano y solo cabía el orgullo, el heroísmo incluso del que había asumido un reto a corto plazo y lo había cumplido, y aquello era (es) indescriptible, sublime, grandioso. Es el bebé en tus brazos luego del parto, es el título en tu mano después de culminar los estudios, es el éxito y el orgullo de sentir que has cumplido y que no fue fácil ni fue gratis. El logro que se hace con esfuerzo es hermoso, es plenitud.



Los chamos de Caucagüita

Cuando los organizadores del “Reto Impronta” me pidieron que escribiera algo sobre correr maratones me di cuenta que esto también para mí era una primera vez. Es un maratón virtual con un propósito real, me dijeron, porque es para captar fondos para una maravillosa causa. 

Correr un maratón en este complicadísimo año 2020, así sea en la ruta y a la hora que yo disponga - de ahí lo virtual porque igual hay que correrlo - me da la oportunidad de volver a vivir esa emoción a la que me he hecho adicto sin remedio, pero además hacerlo en apoyo de unos jóvenes que no tienen la oportunidad de sentir lo que yo siento al correr, es como volver a vivir aquellas primeras emociones que tanto busqué acompañando a los debutantes de los 42 K. 

He aprendido con los años que a nadie le puedo imponer mi pasión, que a nadie puedo convencer de que haga lo que yo hago, eso lo sé, sé que los muchísimos momentos de felicidad que he sentido corriendo y ayudando a otros no necesariamente serán iguales para todos, que mis experiencias, mis gozos, mis orgullos, mis esfuerzos, mis frustraciones, mis dolores, mis satisfacciones son mías, no se los puedo regalar a otros, ni puedo hacer que sientan lo que yo siento. 

Pero también he aprendido que contando mis experiencias quizás alguien se anime a probar y ese alguien a lo mejor encuentra la satisfacción que yo he encontrado corriendo y ayudando a otras personas, y entonces puede ser que ese alguien se lo cuente a otro, y ese otro se arriesgue a probar y así, entonces, sin saberlo, entre todos, no solo habrá muchos niños con muchas canchas deportivas que usar, sino que nuestras vidas, y la de todos, serán mejores vidas y algún día, entonces, cuando llegue alguien y nos pregunte: ¿por qué? simplemente le podamos decir sin pensarlo mucho, porque así me siento feliz.

*Pedro Luis Álvarez G. es abogado y maratonista aficionado. Él y su esposa Mate fueron de los primeros venezolanos en completar las seis medallas del Abbott World Marathon Majors 


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